Desmintiendo clichés

¿Son las personas sin hogar, alcohólicas?

Mucha gente piensa e incluso afirma que “todas las personas sin hogar son alcohólicas”, sin embargo, la realidad es muy distinta.

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El sinhogarismo no comienza con un cartón de vino ni con varias cervezas. El sinhogarismo se da a raíz de una serie de circunstancias que golpean la vida de quienes las sufren, de manera que en un periodo relativamente corto de tiempo, dichas personas se ven obligados a acabar en la calle.

Así, empresarios, trabajadores, padres y madres de familia, solteros, o lo que es lo mismo, personas con diferentes perfiles, se ven sin un techo donde cubrir su necesidades primarias: higiene, alimento, seguridad… Y sobre todo, su dignidad.

Vivir en la calle degrada la dignidad de las personas poco a poco y desalienta para seguir adelante. Veamos dos ejemplos muy gráficos:

Si alguno de nosotros tiene un mal día, sabe que llegará a su casa, se dará una ducha caliente, abrirá la nevera para tomar algo y se acostará en una cama. Incluso puede que haya alguien querido esperándonos, alguien que nos apoye en esos momentos malos. Afrontaremos los problemas de una manera relativamente fácil. Pensaremos: “mañana será un día nuevo”.

Pues bien, una persona sin hogar en la misma situación, llegará a su rinconcito oscuro y frío, comerá lo que haya conseguido durante el día, intentará asearse en los baños de alguna gasolinera, y preparará sus mantas para acostarse encima de unos cartones compartiendo lecho con una compañera incondicional: la soledad. Pensará: “mañana…mañana ya se verá”.

Una vez sentado lo anterior, es sencillo imaginar las diferencias que surgen para superar las adversidades entre el primer supuesto y el segundo. No es lo mismo aliviar tus preocupaciones cuando te sientes seguro, limpio y acompañado, que cuando te encuentras sólo, sin asear y sin recursos. Por tanto, mentiríamos al negar  que el alcohol juega un papel importante en la vida de las personas sin hogar – sobre todo, para aquellas que llevan años en tal situación -. El alcohol puede ser el amigo que les falta. El alcohol puede ser el calor que necesitan. La manera de olvidar los problemas, de no pensar…

Sin embargo, lo que está claro es que el alcoholismo no es ni mucho menos la causa por la que estas personas se encuentran en la calle y que el consumo se debe principalmente a la necesidad de evadir los problemas y de cubrir las necesidades que no pueden satisfacer. El alcohol es por tanto, una consecuencia derivada de la situación de calle.

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Fuente: Encuesta a personas sin hogar. INE, 2012.

Dicho todo esto, la inmensa mayoría de las personas sin hogar a las que acompañamos consumen el mismo alcohol que una persona adulta en condiciones normales. Un partido de fútbol, una celebración… Lo normal. Y es que a pesar de la precaria situación en la que viven, muchísimas de estas personas aún tienen fuerzas para seguir luchando por su dignidad por otros medios: muchos pasan el día en bibliotecas públicas, otros tantos se dedican a hacer recados a los vecinos del barrio, bastantes buscan los medios para conseguir un trabajo o algo que les proporcione alimento…

En este sentido,  la encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2012, afirma que el 86,4% de las personas sin hogar encuestadas no consumen alcohol o lo hacen ligeramente. Solo un 4,1% de personas manifiesta un consumo alto o excesivo de alcohol (Ver: http://www.ine.es/prensa/np761.pdf )

Si empezásemos a escribir los nombres de los sin techo que no beben, la listaría sería extensa. Si escribiésemos los nombres de las personas que se beben varias cervezas al día – teniendo en cuenta el frío que se pasa en invierno – también sería larga. Pero… ¿cuántas cervezas/copas de vino bebe una persona cualquiera al día?

Sí. El alcohol forma parte de la vida de muchas personas sin hogar, pero en ciertos casos, del mismo modo que forma parte de la nuestra. No generalicemos sin conocer la realidad y sobre todo, sin entender las circunstancias.

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”
Albert Einstein

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